Derechos de las personas mayores


Lo cierto es que son pocas las personas que conocen realmente los derechos de las personas mayores. La Declaración Universal de los Derechos Humanos les dedica un artículo desde su aprobación en 1991, pero actualmente los mayores viven todavía con carencias debido al incumplimiento de estas normas. Conocimiento, respeto y aplicación son los objetivos fundamentales para que no queden al margen de la sociedad. Además, es importante destacar que cada vez el porcentaje de tercera edad es mayor en los países desarrollados, ya que la esperanza de vida es cada vez mayor. Los mayores tienen una mejor salud, son más activos y tienen ganas de participar en la toma de decisiones.

La clave está en enseñar a cuidarlos del mismo modo que nos gustaría que nos cuidaran a nosotros, pues algún día todos pasaremos por esa etapa. Todas las personas deben tener derecho a un nivel de vida adecuado, que asegure salud, bienestar, alimentación o vivienda. También ropa, asistencia médica y los servicios sociales necesarios. Se les reconoce también el derecho a seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de los medios de subsistencia por circunstancias independientes a la voluntad propia.
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Protección a las mujeres mayores


Algunos organismos internacionales están dedicados por completo a la protección de la mujer, en la mayoría de países su esperanza de vida aumenta, pero la calidad no es progresa con respecto a la evolución. Todavía en nuestra sociedad, las desigualdades por motivo de género son evidentes, pero estas diferencias se notan especialmente en las mujeres mayores. Cuando llegan a cierta edad, sus consecuencias no pueden disimularse debido a un cumulo de desventajas que corren a su cargo a lo largo de toda una vida. A pesar de eso nadie duda en que las mujeres son mayoría, viven durante más tiempo y son un pilar imprescindible para muchas familias.

En numerosas ocasiones, la Organización Mundial de la Salud ya ha advertido de la necesidad de atender a las mujeres durante esta etapa como una cuestión clave para mejorar su salud y desarrollo. La esperanza de vida de ellas supera a la de los hombres y, si conseguimos garantizar su salud durante más años, mantendrán sus capacidades para ofrecer recursos vitales para sus familias y sus comunidades.

De hecho, en la actualidad se insiste en la necesidad de implantar medidas que apoyen la solidaridad entre las generaciones. Por ejemplo, planes de apoyo a las mujeres que se encargan de sus nietos mientras los padres están ausentes por razones laborales, algo muy frecuente en prácticamente todos los lugares. Las abuelas se han convertido en punto de interés ya que, gracias a su ayuda, otras mujeres pueden incorporarse al mundo laboral de una forma más profesional y sin estar pendientes de las labores domésticas o del cuidado de sus hijos.

Consideramos que es necesario promover de una división más equitativa entre mujeres y hombres, con mayor énfasis en los trabajos de atención y cuidados que no se pagan, ya que habitualmente se restringe las posibilidades de trabajar fuera de casa para la persona que presta este tipo de cuidados, en su amplia mayoría, mujeres.

Personas mayores que ayudan a la tercera edad


Dicen que la experiencia es la gran virtud que tienen las personas mayores. Ellas mismas saben mejor que nadie sus necesidades. En esas edades, a pesar de ciertas limitaciones físicas, también se puede ayudar y colaborar con el voluntariado de personas mayores. En pocas ocasiones se había contado con ellas para ayudar a sus iguales. Conocen sus pensamientos y sentimientos, por lo que son capaces de dar una respuesta acertada a las carencias de quienes superaron ciertas edades de la vida y han entrado en la recta final con la intención de afrontar cualquier dificultad, siempre con ganas de seguir viviendo hasta el último día.

Se trata de un envejecimiento activo, realizar todo tipo de actividades para quienes han superado la etapa laboral y comienzan la jubilación. A pesar de que no haya ningún contrato que les obligue a trabajar, se buscan tareas que impliquen mantener cierto nivel de actividad, porque precisamente eso significa no perder calidad de vida. Por esa razón, el voluntariado se perfila como la opción más válida, ya que marca un horario, exige un compromiso, engloba el desempeño de unas tareas y, a pesar de no estar remunerado, permite a las personas sentirse útiles y genera satisfacción interior. Algo que se agradece siempre.

Las posibilidades de voluntariado para las personas jubiladas son de todo tipo. Desde dar consejos a jóvenes emprendedores, a otros mayores que se encuentran en residencias, ingresados en hospitales o solos en su hogar. Se trata de aprender las claves del envejecimiento activo y la participación social, a la vez que da soporte asistencial a otros mayores en situación de vulnerabilidad social, dependencia o que directamente se encuentran en hospitales, en residencias o en sus domicilios sin apenas poder salir a la calle.

El voluntariado mejora la autoestima y genera bienestar entre la población de mayores de 60 años.