Discriminación de las personas enanas


Las personas que sufren el problema del enanismo tienen que lucha toda la vida para demostrar que son personas completamente normales. Todas ellas exigen que se les reconozcan una serie de derechos que todavía carecen. Para comenzar piden el reconocimiento oficial de la situación de discapacidad, la inclusión educativa, la salud, la protección social y el acceso al empleo. Las personas enanas son víctimas de risas, mofas y bulas por su condición física. La sociedad no les ayuda a convivir en un entorno normalizado. Por eso luchan diariamente contra la estigmatización social, pelean por el respeto y lamentan la cantidad de acciones discriminatorias. Por suerte, cada vez menos, gracias a su esfuerzo de sensibilización ciudadana.

El problema de la acondroplasia está en el origen del enanismo, el cual obstaculiza el crecimiento óseo, provocando una alteración morfológica de los huesos, que pueden originar numerosas complicaciones. Los niños que lo desarrollan tienen más posibilidades complicaciones neurológicas, trastornos respiratorios, complicaciones ortopédicas, hipoacusia o retraso en el aprendizaje. Pero a las consecuencias médicas y en la salud se suman también las consecuencias sociales, que a menudo son las que causan más daño moral.

Prácticamente todas las personas con enanismo se han sentido humilladas alguna vez y excluidas con más frecuencia que las personas no afectadas y que tienen una percepción pública devaluada que supone una “humillación y degradación” de su imagen. En conclusión, las personas de talla baja soportan una carga de clichés y connotaciones culturales. Tampoco han logrado adaptarse los puestos de trabajo a sus necesidades y no se benefician del empleo protegido porque se centra en actividades manuales y de baja cualificación.

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